lunes, 2 de diciembre de 2013

Breve análisis de los incesantes femicidios

*Actis, María Florencia
La semana comienza con un nuevo femicidio. Esta vez, le tocó a una adolescente santafesina de 14 años. Su cuerpo - semidesnudo, violado y calcinado-, fue hallado en un campo de la localidad de Theobald, a 57 kmts de Rosario.
Al  doble femicidio de San Martín, en que un hombre de 49 años asesinó a su pareja y a la hija de ella, conocido en las últimas semanas, se le suma otro en que una mujer fue ahorcada por su ex el pasado lunes 25 de noviembre, luego de una calculada planificación y el impune anuncio de sus intenciones a través de las redes sociales.
El relato periodístico, puntualmente del diario Clarín, bajo el supuesto de objetividad, está narrado con la frivolidad de las pesquisas policiales. Las fuentes consultadas son, con exclusividad, las judiciales, reproduciendo las carátulas e interpretaciones propias de los funcionarios. Combinada a esta modalidad,  el abordaje presenta un eventual lenguaje sensiblero, “una carta manchada con sangre de Gioffre es una pieza clave”, “el hombre le propinó una feroz paliza a Analía”, “fue tras una fuerte discusión”.  
Al menos en la versión digital del medio, se observa una interrelación de los casos semanales  en un recuadro que se titula “Violencia de género”, y la inclusión del concepto de femicidio como titular de la nota de San Martín, aunque esta nomenclatura resulta aun exepcional. “Violencia de género” parece ser, y es, el denominador transversal y precursor de estos hechos; no obstante, queda claro que la violencia de género para el medio sólo es  alarmante cuando la mujer termina, como mínimo, hospitalizada. Asimismo, pareciera que la reproducción de fotografías, contenidos y titulos heretosexistas (“En los quirófanos, los cuerpos más pedidos”), que el medio incluye en secciones “de menor rango”, no se consideran manifestaciones de violencia de género. Los parámetros en que circunscriben el margen de agenciamiento de las mujeres – el hogar, la pareja, la maternidad, el cuidado de la imagen personal-, en correlación con otra serie de discursos sociales instituidos, constituyen los cimientos y justificativos que animan al varón a materializar la acción violenta.
Un ejemplo de esta concatenación entre discursos, prácticas y modalidades, fueron las repercusiones del conocido femicidio de Wanda Taddei. La reconstrucción mediática puso de relieve el componente emotivo dando lugar de relevancia a la versión del femicida, el músico Eduardo Vázquez. La tonalidad, las observaciones, las fuentes, las imágenes, las descripciones que han puesto en escena, posicionan el hecho en el seno de la opinión pública como un tema de interés general o particular, lo inscriben en una problemática social o en una situación aislada, delimitada en un tiempo. Quienes nos encargamos de llevar un registro más o menos sistematizado de los casos de violencia de género en los medios,  aseveramos que las características del accionar de Vázquez se han repetido en casos posteriores , extendiéndose la tendencia a “quemar mujeres”.  Sin ir más lejos, una mujer fue rociada con nafta y prendida fuego el pasado lunes 25 de noviembre en el barrio porteño de Bajo Flores,  sufriendo lesiones graves en el 30 por ciento de su cuerpo.
En síntesis, lo que se intenta patentizar es la responsabilidad de los agentes mediáticos, en tanto voces de incidencia pública, en la replicación de casos, y lógicas de funcionamiento de la violencia. El vínculo inter-personal de violencia es el último y más tangible eslabón de este círculo, y el femicidio su expresión más atroz, pero la conformación de condiciones para el ejercicio de relaciones violentas y desiguales entre los géneros, es alentada desde instituciones sociales, muchas veces, desde las mismas que dicen combatir su erradicación.  

*Observatorio de Medios, Comunicación y Género- Centro de Comunicación y Género.

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